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Poco
se sabe de la vida del Faraón Tutankamóm, transcurrida
en torno al año 1350 a.C. Tutankamóm se hizo
más famoso por las circunstancias en que se vio envuelto,
que por lo que pudo hacer en su corta vida y breve reinado.
No era más que un niño de diez años cuando
fue convertido en esposo de Eneckhes-en-pa-Aton, hija menor
del faraón Amenofis IV y de su esposa Nefertiti. Amenofis
IV había combatido el politeísmo tradicional
egipcio, imponiendo el culto a un Dios único, Atón,
identificado con el Sol. De ahí que su joven yerno
se llamara por entonces Tutankatón.
Era
sólo un adolescente cuando debió asumir el trono,
tras el cual estuvo siempre bajo la influencia o el consejo
de los sacerdotes tebanos partidarios de la antigua religión,
con dioses como Amón. El joven faraón comenzó
su reinado en El Amarna, ciudad que luego abandonó
para instalarse en Tebas, restableciendo su condición
de capital del imperio. Por ello él mismo cambió
su nombre por Tutankamóm, iniciando la reposición
de los dioses tebanos y de los antiguos cultos politeístas.
Tras un breve reinado, Tutankamóm murió cuando
no tenía más de 18 años de edad, y con
él se puso fin a la XVIII dinastía egipcia.
El
hallazgo de la tumba de Tutankhamon fue un hecho muy importante
en la egiptología, ya que fue la única tumba
de un faraón que se encontró intacta. Nadie
anteriormente, salvo Howard Carter, había entrado en
la tumba. ¿Os podéis imaginar lo que supuso
eso? ¿Cómo se sentiría el equipo arqueológico
que le acompañaba en aquel momento? ¡Más
de 3000 años cerrada! El 26 de noviembre de 1922, Carter
y Lord Carnarvon, director de la excavación, abren
por primera vez la tumba de éste faraón entonces
desconocido. Carter permanecía en silencio, y Carnarvon
le preguntó: - "¿Ve algo?". Y la respuesta
de Carter, que observaba emocionado fue: - "Sí,
cosas maravillosas".
Y
fue de este modo cómo hallaron el tesoro mejor guardado
del Antiguo Egipto. Su tumba, a pesar de ser pequeña
y sencilla, estaba repleta de riquezas asombrosas. El ajuar
funerario de Tutankhamon constituye uno de los grandes tesoros
arqueológicos de la Antigüedad. La primera parte
a la que accedieron fue la Antecámara. Estaba muy desordenada
por culpa de los ladrones que habían intentado saquear
la tumba, pero los guardianes de la necrópolis la volvieron
a sellar. En su interior, ante la cámara funeraria
sellada, se encontraron dos estatuas de tamaño natural
del faraón, de madera recubierta con resina negra y
láminas de oro. También multitud de objetos
personales de gran riqueza: cofres, sillas y tronos de gran
valor, un lecho funerario con forma de león, otro con
la cabeza de vaca de la diosaHator, vasijas de alabastro,
carros reales desmontados, otro lecho con la cabeza de hipopótamo
de la diosa Tueris, etc. El inventario de esta antecámara
es muy amplio y valioso.
Con
enormes dificultades, consiguieron acceder a la Cámara
Funeraria real. Dentro estaban cuatro sepulcros dorados encajados
uno dentro de otro, con un magnífico sarcófago
(ataúd de piedra). Dentro de este sarcófago
se contenía tres más, también uno dentro
de otro. Y en el último estaba la momia de Tutankhamon,
que llevaba una máscara de oro. La cámara funeraria
era la única sala de la tumba que contenía pinturas
murales en las que se mostraban escenas funerarias y la entrada
del difunto en al Más Allá, seguido por su ka
(espíritu), recibido por el dios Osiris.Tras un pasaje
abierto, descubrieron una pequeña estancia a la que
Howard Carter llamó Sala del Tesoro. Dentro había
maravillas. Una majestuosa estatua de Anubis, el dios con
cabeza de chacal, vigilaba la entrada a la sala. Al otro lado
había un enorme sepulcro dorado, protegido por las
estatuas de las diosas Isis, Neftis, Neith y Selkis. En él
se guardaban los cuatro vasos canopos (donde se depositaban
algunos órganos internos del cuerpo a la hora de momificar
al difunto). También había cofres, cajas que
contenían joyas, amuletos, altares que contenían
estatuillas de oro de los dioses y del mismo Tutankhamon,
maquetas de barcas para que el rey las usara en el Más
Allá.
Pero
aquí no terminaron los hallazgos. Tras un lecho de
la antecámara, había un pequeño agujero
a ras de suelo. Cuando Carter se introdujo por él descubrió
una nueva sala: el Anexo. Esta fue la última sala en
vaciarse y era la más pequeña. Encontraron más
de 2000 objetos apilados unos sobre otros: 236 figuras ushebti
(sirvientes del faraón para el Más Allá);
arcos, flechas, palos para lanzar, armaduras y escudos; tres
lechos sencillos y una camastro de campaña plegable;
tableros y fichas del trono y escabel; 116 cestas de comida
y 30 tinajas de vino; cosméticos y una navaja de afeitar.
Está claro que la labor de los arqueólogos no
fue nada fácil. Y hay que agradecer al Sr. Carter y
a su equipo el esmero y la paciente dedicación que
emplearon a la hora de proteger y sacar todos y cada uno de
los objetos de la tumba para hacer posible que hoy en día
conozcamos el gran tesoro de Tutankhamon y algo más
sobre la desconocida vida de este joven faraón. Se
tardaron diez años en vaciar la tumba, pero su trabajo
mereció la pena. Hoy podemos contar con las fotografías,
bocetos, trabajos de laboratorio y de conservación
para saberlo. El cuidado en la protección y transporte
de cada objeto hasta llegar a su destino, el Museo de El Cairo,
han hecho posible que hoy en día podamos disfrutar
de ello. En la actualidad, miles de personas pueden visitar
la tumba de Tutankhamon, donde descansa de nuevo su momia
en el interior del sarcófago; y ver sus tesoros en
el Museo de El Cairo. Además se han hecho multitud
de exposiciones itinerantes para que el mundo pueda contemplar
muchos de estos maravillosos objetos. Posiblemente algún
día vosotros también podréis visitarlos
e imaginar como se sintieron al descubrir este tesoro.
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