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Las
Pirámides
LA
PIRÁMIDE Y EL COLOSALISMO ORIENTAL
Cuando Napoleón, en su campaña de Egipto, llegó
a Gizeh, el calculado colosalismo oriental de las tres grandes
pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos, que
señorean la llanura, impresionó vivamente al
corso, que era ferviente admirador de todas las manifestaciones
de poder de los antiguos reyes.
Napoleón
de entregó a una serie de cálculos matemáticos
sobre la cantidad de piedra empleada en aquellos edificios.
Según él la piedra usada bastaría para
cercar a Francia con un muro de tres metros de altura y unos
40 centímetros de grosor. El matemático Monje,
que acompañaba a Napoleón, confirmó estos
cálculos.Hoy se piensa que sólo la gran pirámide
de Keops está formada por unos 2.300.000 bloques de
piedra, que pesarán una media de dos toneladas y media
cada uno. Claro que ésta es la mayor de las pirámides
con 146,59 metros de altura, y en cierto modo marca el máximo
desarrollo en la construcción de este tipo de tumbas,
tanto por su tamaño como por la envergadura de los
medios empleados en su erección.
La pirámide fue pensada para tumba inviolable del soberano,
destinada a la eterna preservación de su cuerpo, incorrupto
por embalsamamiento, y de su ajuar funerario. Sólo
de este modo se posibilitaba la residencia del alma en el
cuerpo y su supervivencia en el mundo del más allá.
Para proteger el cuerpo y el ajuar de eventuales saqueadores
se multiplicaban las dificultades de acceso a la cámara,
interponiendo toneladas de piedra, disponiendo puertas falsas,
corredores ciegos, cámaras dobles, etc. Todo ello fue
inútil: los saqueadores siempre consiguieron su objetivo
y ya en la antigüedad las pirámides fueron violadas
y robadas y pasaron a ser lo que son hoy, el símbolo
de Egipto de su arte teocrático y de su sistema político.
A pesar de los grandes progresos que ha experimentado la egiptología,
particularmente en lo que va de siglo, es todavía mucho
lo que se ignora acerca de cómo era construida una
pirámide.
LA
MASTABA Y LA VIDA EN AL MAS ALLÁ
Para asegurar la vida en el más allá, el cuerpo
del difunto debía ser conservado y habían de
ser satisfechas las necesidades materiales que tuvo cuando
vivía. Esta idea fue dominante y condicionó
de modo
decisivo la vida en todos los períodos del antiguo
Egipto. Ya en la época predinástica se hacía
lo posible por preservar adecuadamente el cadáver.
Entonces se enterraba en hoyos rectangulares excavados en
la arena, en los que a veces se disponían unas paredes
de madera o de barro prensado. Junto al cadáver se
disponían utensilios, armas y alimentos. Cerrada la
tumba, ésta se cubría con un túmulo de
arena y relleno.
Con el tiempo solía ocurrir que la arena era desplazada
por el viento, desaparecía el túmulo y finalmente
el cadáver quedaba expuesto a los elementos y se perdía.
Para evitar este peligro, ya en la era dinástica las
personas de elevada posición y los reyes se hacían
construir encima del túmulo de arena, una estructura
de adobe y ladrillo. La "mastaba", que debía
imitar en su aspecto a las viviendas que el difunto habitó
cuando vivía. Los reyes de la III Dinastía empezaron
a usar la piedra para sus monumentos funerarios, pero su empleo
no se generalizó en las tumbas de nobles y dignatarios
hasta la IV Dinastía.
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