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Época
predinástica
Ya
en las épocas más antiguas, en torno al 3000
a.C. se pueden distinguir la mayoría de los dioses
del panteón, por lo que hablar de evolución
religiosa debe ser entendido más bien como de cambios
ideológicos, o cambios religiosos, más que como
una evolución en el pensamiento o en las creencias.
En la época de Nagada podemos hablar mas de unas creencias
fetichistas que de una religión propiamente. Durante
el IV y V milenios se puede hablar de una religión
basada en totems. Los primeros dioses locales con representaciones
o atributos animales hacen su aparición o al menos
tenemos referencias de que ya son venerados. El culto a la
naturaleza, y en especial a la fuerza fecundadora empieza
a tener importancia al aparecer la diosa madre, que en cada
localidad tiene una representación. En torno a esta
diosa madre se construyen las primeras ideas de la concepción
del mundo y del universo. La diosa madre es la diosa no sólo
de la tierra sino también de los cielos y de los seres
vivientes. Uadyet, Nejbet, Hathor son diosas relacionadas
con la fecundidad, los partos, pero también son diosas
celestes y diosas tierra. Mut es "la madre", Isis
es diosa de la fecundidad , del amor y del cielo.
Época
tinita
En
esta época ya se puede hablar de Horus como dios supremo,
pero sobre él se encuentra Ra, dios de Heliópolis,
que a partir de la II dinastía se funde en Ra-Haraktes.
En Menfis es probable que ya en la I dinastía se adorase
a su dios local Ptah. También Osiris ha aparecido ya
durante la época tinita, aunque su culto no está
generalizado, y no pasa de ser un dios local de la vegetación.
Apis, Hathor, Jenti-Imentiu, Menhit, Min, Nejbet, Neith o
Thot están tambien presentes en el Panteón egipcio
en esta primera etapa. Poco se conoce sobre el culto practicado
durante este periodo, excepto la existencia de templos de
madera en los que se celebrarían los festivales, como
aparece registrado en la Piedra de Palermo. El clero no ejerce
de forma profesional, no tiene independencia económica,
por lo que su poder hasta ese momento es bastante limitado.
No existe la certeza de que fuese el rey quien mantenía
los centros de culto, ni siquiera que los supervisase.
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