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egiptomania
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Inspiración de hombres antiguos, ahora es materia de estudio para los modernos, pero solo dolor siento y deseo darle descanso. La anciana agoniza ante nosotros y nueve niños juegan fútbol en sus pies. Ríen los escolares, destellos de los peregrinos la seducen sin cesar. Modelo ambivalente de religión y dedicación. Atea y creyente de dioses extintos que la abandonaron en esta morada. Solo Atón ha sobrevivido y la acaricia cada día.
Observo un escenario excepcional.
Detrás de su lomo está Kefren. Algunos han pensado que la Esfinge protege a la segunda pirámide, hoy creo todo lo contrario. Un hombre como él no dudaría también en adorarla. Entonces el faraón sintiéndose envilecido y casi enamorado de ella rindió tributo eterno y constante a sus espaldas y dejó para ella el sol tempranero de las mañanas de Giza, y la cubrió de los dañinos brazos de la tarde violenta de la soledad del desierto monumental al norte de África. Kefren practica su alabanza al atardecer, cuando su sombra en forma de aguja oscura desea tocar su piel de león.
Napoleón desde su orate mirada sucumbió. Lejos de aquí la recordó por siempre; La grandeza que el gran usurpador imaginó sobre sus sienes, estaba en la mirada fija y aterradora del guardián del desierto. Desde mares lejanos llegó el gran hombre para luchar en una batalla que siempre estuvo perdida. Aún con su estómago destrozado delirando en su destierro, narraba a sus traidores escuchas, la aventura en la campaña de Egipto, donde se topó con el monstruo dulce de Giza.
Augustte Mariette acampó incluso bajo la sombra de su portentosa cabeza, su casa era parte del peso que soportaba la escultura enterrada. En las noches de embriagues, cuando las estrellas brillaban, él cantaba alegóricas rimas, que no han quedado escritas. Mariette incluso imagino la cola pendular del gato africano sacudiendo miles de moscos molestos en su lomo. Afinó su mirada para explorar los rastros del maquillaje antiguo en las mejillas y pulsó con valor contra la historia al remover arena de sus orejas. Pero Baraize la desenterró y restauró; siendo más respetuosos los Mamelucos que golpearon su nariz. Ellos hicieron menos daño que él.
Un híbrido portentoso de 57 metros vive en el desierto. Mil leyendas se escriben sobre él. Un millón de sueños duermen en él. El mío es breve y suave, una última mirada a su faz me recuerda a Zocer. Aquel hombre de túnica blanca encerrado en vidrios en el museo del Cairo. Algo tenían de especial estos hombres, sin duda alguna los dioses, los habían mirado a los ojos.
Abandono su mansión para continuar mi detallado y singular periplo. Las fantasías de niño vuelven a mí, y atacan todos mis sentidos en una memoria ligada al olor seco de esta estancia tan visitada. Los labios se han vencido ante el calor. Ignoro como ella ha soportado y no se ha venido al suelo para volver a ser parte de él.
Ella merece más de lo que tiene, nuestras lágrimas y sollozos deberían ser para ella, nuestras alegrías y risas deberían ser en nombre de ella, y nuestros muertos, ante ella, deberían rendir un ultimo saludo. Todos los caminos me han llevado hasta ella. Es una maquina del tiempo que habla de sus glorias pasadas.
Herodoto, nos dejó algunos datos de la grandeza de su construcción, pero en verdad nada hay sobre ella, nada sé sobre su erecto perfil, nadie ha soñado jamás volver a intentar construir algo similar, Un intento. Un final.

Tito Angel Mendoza
Venezuela

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